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    10/06/2026 (actualizado: 10/06/2026)

    La causa de los accidentes en vacaciones: nos relajamos

    Las vacaciones suelen asociarse con descanso, desconexión y planes agradables. Sin embargo, también son un momento en el que cambiamos casi todo lo que hacemos a diario: dormimos en otra cama, caminamos por lugares desconocidos, conducimos más horas, comemos fuera, pasamos más tiempo al sol, usamos piscinas, hacemos excursiones o practicamos actividades que no forman parte de nuestra rutina habitual. Y ahí aparece una paradoja muy común: cuando más relajados estamos, más fácil resulta bajar la guardia.

    No se trata de vivir las vacaciones con miedo, sino de entender que muchos accidentes no ocurren en situaciones extraordinarias, sino en momentos muy cotidianos: una caída al salir de la piscina, un resbalón en el baño del alojamiento, una torcedura durante una ruta, una quemadura cocinando en una casa alquilada o un golpe al cargar el coche antes de salir. Son percances pequeños, pero pueden alterar por completo unos días de descanso.

    Además, las vacaciones concentran varios factores de riesgo a la vez: desplazamientos largos, calor, cansancio, niños fuera de sus horarios habituales, mayores en entornos menos conocidos y una mayor tendencia a improvisar.

    Piscinas y playas: el agua exige vigilancia constante

    El agua es uno de los grandes placeres del verano, pero también uno de los espacios donde más se nota esa falsa sensación de seguridad. Los accidentes en piscinas, playas, ríos o embalses pueden producirse en segundos, especialmente cuando hay niños.

    El Ministerio de Sanidad recomienda bañarse siempre en playas vigiladas, respetar las banderas, no entrar en zonas prohibidas y seguir las indicaciones de los socorristas. En el caso de los niños que no saben nadar bien, Sanidad aconseja utilizar chalecos de flotación adecuados y no confiar en flotadores hinchables como medida principal de seguridad.

    Uno de los errores más frecuentes es pensar que basta con estar cerca de los niños. Pero vigilar no es simplemente estar en la misma zona: es mirar, anticiparse y no distraerse con el móvil, la conversación o la comida. En vacaciones, el adulto también está descansando, pero el riesgo no descansa.

    Caídas, golpes y torceduras: los accidentes más comunes

    No todos los accidentes de vacaciones son espectaculares. De hecho, muchos son tan simples como pisar mal, resbalar o tropezar en un lugar desconocido. Un apartamento con escaleras estrechas, una terraza con suelo húmedo, una bañera sin alfombrilla, una piscina con baldosas resbaladizas o una ruta por caminos irregulares pueden acabar en una caída.

    El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo trabaja este riesgo dentro de sus materiales preventivos, porque muchas veces se produce por factores muy básicos: suelos mojados, obstáculos, falta de atención, calzado inadecuado o iluminación deficiente.

    En vacaciones, además, usamos más chanclas, sandalias, calzado poco sujeto o zapatillas no adecuadas para caminar por determinados terrenos. Una excursión sencilla puede complicarse si no se lleva calzado apropiado, agua suficiente o el móvil cargado. La Comunidad de Madrid, en sus recomendaciones para actividades al aire libre, aconseja llevar teléfono móvil cargado y protegido, y seguir las indicaciones de los servicios de emergencia si hay una lesión o extravío.

    Calor, sol y comidas: riesgos que se suman

    El calor también forma parte de los riesgos vacacionales. No siempre provoca un accidente directo, pero puede favorecer mareos, deshidratación, bajadas de tensión, cansancio y pérdida de reflejos. El Ministerio de Sanidad advierte de que la exposición a temperaturas excesivas puede causar calambres, deshidratación, insolación o golpe de calor, con especial impacto en personas mayores o con enfermedades previas.

    La prevención, en este caso, empieza por medidas sencillas: beber agua con frecuencia, evitar las horas centrales del día, buscar sombra, no hacer esfuerzos intensos con mucho calor y prestar atención a niños, mayores y personas vulnerables.

    La comida también cambia en vacaciones. Comemos fuera, preparamos picnic, llevamos neveras portátiles o dejamos alimentos más tiempo a temperatura ambiente. Todos esto necesita seguir unas normas para evitar las intoxicaciones alimentarias.

    Prevenir sin obsesionarse

    La prevención en vacaciones no debería vivirse como una lista interminable de prohibiciones. Más bien se trata de aplicar una idea sencilla: pensar antes de actuar. Si vamos a hacer una ruta, mirar el terreno y el tiempo. Si viajamos en coche, descansar. Si hay piscina, vigilar de verdad. Si el suelo está mojado, no correr. Si hace mucho calor, bajar el ritmo.

    También conviene llevar documentación sanitaria, anotar teléfonos útiles, tener localizado el centro médico más cercano y revisar las coberturas de los seguros antes de salir. Porque los accidentes, incluso los pequeños, pueden traer consecuencias: asistencia médica, pruebas, rehabilitación, baja laboral o gastos inesperados.

    En este punto, un seguro de accidentes puede ser un respaldo importante. No evita que ocurra el percance, pero puede ayudar a afrontar mejor sus consecuencias, especialmente si el accidente provoca lesiones, necesidad de atención médica, incapacidad temporal o un impacto económico para la familia. En vacaciones, estar tranquilo no significa pensar que nada puede pasar, sino saber que, si pasa, no estamos solos.



    Para más información:

    Recomendaciones para la protección de la salud durante el verano

    Vacaciones saludables

    Prevención de accidentes en verano

    Nueva llamada a la acción