Cuando alguien nos cuenta que ha tenido un accidente acaba contándonos toda la odisea que tuvo que sufrir después. Y algunas veces parece la historia de nunca acabar por todos los contratiempos que sufrió.
Según un documento divulgativo del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), en España se producen entre 1,5 y 2 millones de accidentes domésticos y de ocio al año. El 60% se producen en el hogar y el resto en otros lugares, como la calle, recintos recreativos o deportivos, siendo las caídas el accidente más frecuente.
Muchas de estas caídas se resuelven sin complicaciones, pero en otras son necesarias semanas, incluso meses, de recuperación. Y ahí es cuando aparecen esos gastos que afectan en mayor o menor medida a la economía familiar. No suelen ser grandes desembolsos de golpe, sino muchos pequeños gastos que se van acumulando casi sin darnos cuenta hasta que, al final, la factura resulta bastante mayor de lo que habíamos imaginado.
Si se acabase ese mismo día no habría mayor problema, pero muchas veces pasa que hay que consultar a un especialista, realizar pruebas o ir a alguna sesión de seguimiento cuando no tratamientos prolongados. En algunos casos también es necesario comprar férulas, muletas o alquilar temporalmente una silla de ruedas u otro material ortopédico para facilitar la recuperación.
Aunque cada uno de ellos parezca poco importante, la suma de todos puede convertirse en un imprevisto importante para cualquier economía familiar.
Cuando existe una fractura, una lesión muscular o un problema de movilidad, aunque se haya eliminado el dolor, muchas personas necesitan sesiones de fisioterapia o rehabilitación para recobrar totalmente la movilidad y, sobre todo, evitar secuelas, porque la recuperación no consiste en recuperar totalmente la movilidad sino en recuperar la calidad de vida anterior al accidente.
En muchos casos, además, la recuperación exige constancia. No basta con acudir una vez a rehabilitación. Es frecuente tener que asistir varias veces por semana durante un tiempo, siguiendo unas pautas de ejercicios que también deben continuarse en casa. La paciencia acaba siendo tan importante como el propio tratamiento.
Si la lesión es importante, incluso el hogar puede necesitar adaptaciones. Subir escaleras, acceder a la ducha o desplazarse por determinados lugares puede resultar complicado durante un tiempo. De ahí que se necesiten instalar barras de apoyo en el baño, asientos para la ducha o realizar pequeños cambios en la distribución de la vivienda que faciliten el día a día.
Son modificaciones que, en muchas ocasiones, solo serán temporales, pero que ayudan a recuperar autonomía y a evitar nuevas caídas durante la convalecencia.
Una víctima de un accidente que no tenga demasiada autonomía quizás tenga que ser ayudada por algún familiar para hacerle la comida, la compra o ayudarle con las tareas de casa. Pero también puede pasar que no tenga familia cercana o que ningún miembro de la familia pueda ayudarle en sus labores cotidianas.
Cuando eso ocurre, muchas personas recurren a servicios de asistencia domiciliaria, lo que supone un gasto adicional que no habían previsto. En ocasiones basta con unas horas de ayuda a la semana, pero en otras situaciones esa asistencia puede prolongarse durante bastante tiempo.
Cuando pensamos en un accidente solemos acordarnos de la lesión, pero pocas veces pensamos en todos esos pequeños gastos que aparecen alrededor. Desde comprar calzado más cómodo para la recuperación hasta adquirir una silla para la ducha, pagar aparcamientos junto al hospital o comprar determinados productos que faciliten la movilidad.
Por separado parecen cantidades pequeñas, pero todas juntas terminan teniendo un impacto que muchas familias no habían calculado.
Todos sabemos cómo reducir el riesgo de sufrir accidentes fortuitos: poner siempre la máxima atención en todas las situaciones. Pero la verdad es que en muchos momentos nos distraemos y, si tenemos mala suerte, es cuando ocurren los accidentes.
Como es malo vivir con la obsesión de que nos suceda algo malo, lo mejor es anticiparnos y estar cubiertos lo máximo posible para minimizar las consecuencias.
Ahí es donde aparecen los auténticos beneficios de un buen seguro de accidentes. Dependiendo de las coberturas contratadas, puede ayudar a afrontar muchos de los gastos y necesidades que surgen tras una caída accidental. Entre otras prestaciones, puede incluir el reembolso de los gastos de curación, un subsidio por hospitalización y diferentes ayudas destinadas a facilitar la recuperación cuando una lesión tiene consecuencias permanentes.
Algunas pólizas de seguros de accidentes también incorporan servicios especialmente útiles durante la convalecencia, como asistencia domiciliaria —limpieza del hogar, compras de primera necesidad, lavandería o preparación de comidas—, además de asistencia psicológica y orientación médica mediante video consulta o consejo telefónico. Estas prestaciones pueden marcar la diferencia cuando lo más importante es centrarse en la recuperación.
Al final, un accidente dura apenas unos segundos, pero sus consecuencias pueden acompañarnos durante bastante tiempo. Estar preparado no evita que ocurra, pero sí puede hacer que afrontar ese periodo resulte mucho más sencillo, tanto para la persona lesionada como para toda su familia.
Para más información:
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